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Entrevista al Hermano Mario Gassmann

Por Malena Catalano

Entrevista al Hermano Mario Gassmann

Hola, buenos días. A continuación nos encontramos con Mario, quien ha vivido y ejercido como docente y hermano durante el proceso de la dictadura hacia la democracia en la Argentina en 1983.

—Buen día hermano Mario. Es un gusto tenerlo acá presente. Nos gustaría hacerle algunas preguntas: ¿Desde qué año usted vivió en el colegio?
—Estoy en la Congregación de los Hermanos desde los 12 años, y me recibí de maestro y profesor de historia y geografía. Si bien no trabajé en el Benito Nazar, sí lo he hecho en los colegios de Lomas de Zamora, Venado Tuerto, Temperley y Monte Video.

—¿Qué cargos tenía dentro de la Congregación de los Hermanos del Sagrado Corazón y cuál es la función de la hermandad?
—Bueno, nuestra función es la educación. Me ha tocado durante 9 años ser provincial (1997-2005), antes había sido maestro y también he sido director de primaria y secundaria. En los últimos años, me he estado dedicando a la coordinación del colegio de Lomas de Zamora y al de Temperley.

—Durante la dictadura, ¿Qué cargo tenía?
—Fue un proceso largo, pero era maestro y profesor. En 1976 estaba como director en Lomas de Zamora y, luego de ahí, pasé a Venado Tuerto y estuve hasta 1987. Allí, la función que tenía era de ser maestro y director.

—¿Cuál fue el rol o tarea corazonista como docente de la institución?
—Nuestro rol ha sido el de educar. No nos hemos metido en política, pues nos centramos en enseñar la doctrina de Cristo, el amor a la patria, los colores que tenemos y, sobre todo, este lema de "Dios, patria y hogar". Ese ha sido nuestra función durante todos estos años.

—¿Cómo considera usted que era la postura política de los alumnos hacia la problemática?
—En ese período yo era maestro y director de primaria, por lo tanto, los temas de política pasaban a segundo lugar.

—¿Y lo que se escuchaba por el colegio?
—Lo que se escuchaba no es lo que se escucha ahora: se sabía que existía un enfrentamiento entre políticos, y luego entre la gente que pasó a la clandestinidad, los militares... Todo eso sabíamos, pero eran temas que si bien se hablaban, no nos preocupaban. Para ese entonces, yo estudiaba el profesorado en el CONSUDEC y mi preocupación nunca fue propiamente la política. Sin embargo, yo soy profesor de historia y geografía, ¿no? Pues me he dedicado más a otros cosas.

—¿Usted supo o tuvo relación con algún docente o alumno qué haya sido perseguido por los militares?
—En el momento que era docente, tanto de primaria como secundaria, se oía hablar; pero normalmente, como la gente había pasado a la clandestinidad, no se manifestaba abiertamente. Luego con el tiempo supimos que la situación era comprometida, sabíamos que debíamos estar en nuestro lugar, sabíamos que como hermanos teníamos otra misión. Pero ignoramos bastante, o no era de asunto tan público lo que luego se habla sobre la dictadura, sobre desaparecidos, etcétera; que luego se manifestó fuertemente a partir de la democracia.

—¿Qué opiniones emitía la institución al respecto del tema? ¿Hacia muchas referencias políticas a esto?
—Lo ideal de un colegio es que se dedique a la enseñanza y no a la política, es decir, en la primaria y secundaria los temas políticos no eran temas cruciales, pero sí existía una solidaridad con aquellos que sufrían, aunque no se hacían comentarios específicos.

—¿Qué cambios pudo notar en la transición de la democracia a la dictadura? ¿Cómo se vivió esta transición en el colegio?
—Fue de gran esperanza. Creíamos que el país iba a cambiar, se hicieron muchas transformaciones pero ninguna llegó a ser todo lo que uno esperaba, porque el mismo presidente Alfonsín renunció antes de tiempo. Evidentemente los problemas no se solucionaron, sino que se fueron acrecentando y tanto es así que entre el 2000 y el 2002 explotó todo. Es la misma situación que ahora, es decir, con la democracia no se come y vive, en eso difiero con Alfonsín. Él lo dice al revés, yo creo que con la convivencia, ética y moral el país sí puede salir adelante. Siempre tengo esperanza, pero la democracia ya lleva 40 años y sigo esperando un gran cambio.

—Durante la dictadura, ¿el dictado de clases y la tarea de los hermanos sufrió algún tipo de censura o intervención?
—No, siempre hemos tenido los corazonistas la característica de hacer trabajos dedicados específicamente a la educación, no hacíamos política y tampoco los alumnos presentaban la gran problemática. Aunque sí se presentaba la política en otras instituciones como en las universidades.

—Y en las aulas, ¿no se preguntaban entre alumnos o se charlaba sobre el tema?
—No, sinceramente no. Eran muchas cosas las que se decían pero no en el colegio. Sí recuerdo que la gran movida fueron las Malvinas. Yo soy malvinero de alma y cuándo tomaron las Malvinas todos teníamos una euforia terrible, a lo que nos siguió tremendo dolor. Nos definió más Malvinas que la consiguiente caída de los militares.
—Quizás pudo haber sigo porque lo de Malvinas fue un movimiento más de jóvenes.
—Sí. Asimismo, había una Argentina que se dedicaba al estudio y trabajo, habían muchos jóvenes que pasaron a la clandestinidad, pero de eso uno se enteraba después, "con el diario del lunes", pero no en ese momento.

—Como última pregunta, ¿Cómo cree que la religión ayuda a fortalecer el sistema democrático hoy en día?
—En los discursos y en las palabras de la Iglesia. Por lo general son siempre palabras de responsabilidad, orientadas a que se hable de la verdad y que se cuide de todos aquellos que viven en la pobreza. Cada movimiento que lleva a cabo la Iglesia es con el objetivo de estar siempre presente, especialmente con la gente que más sufre.

—¿Quisiera agregar algo más?
—Bueno, yo no estoy totalmente de acuerdo ni con aquellas personas que estuvieron en la clandestinidad y hayan usado métodos de fuerza y violencia, ni con la eliminación de la democracia o el tema de querer ocupar gobiernos. Para mí todo lo vivido no fue un pasivo, sino una guerra, realmente fue muy difícil.
Y esperar que tengamos un país mejor, siempre hemos querido eso. Como cualquiera que nació en su país y quiere lo mejor para tal. Muchas veces es todo lo contrario, ¿no es cierto? Esto se demuestra hoy en día con los conflictos de Israel y Palestina. Es muy doloroso.
—Muchas gracias, por todo.
—No, muy amable.

Fogonazo

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