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La visión de la dictadura de Pablo Santa Cruz

Por Bereciartu, Iha Uehara, Vega Campos y Santa Cruz

La visión de la dictadura de Pablo Santa Cruz

Pablo nació un 17 de enero de 1969 en Uruguay, pero residió toda su vida en Buenos Aires, Argentina. Trabaja de gerente en Allianz y tiene 54 años.
Joaquín: —¿Qué se creía dentro de tu familia acerca de lo que podían llevar a cabo los Militares?
Pablo: —Primero, quiero aclarar que yo era chico, estaba en mi época escolar y viví todo el proceso de la dictadura en el primario y en el secundario. No se sabía tanto lo que pasaba, sí que había un alto clima de violencia en la sociedad y no todo el mundo estaba desalineado con los militares. La historia de la Argentina marca que los militares, en la política, eran una solución. No estaba ni mal, ni bien visto el tema de los militares. Nadie les tenía miedo, al menos cuando llegaron. Cuando esto sucedió, había un altísimo clima de violencia en el país y, por eso, creo que la llegada de los militares era parte del proceso violento que había.
Juan Pedro: —¿Qué cambios notó luego del golpe de Estado?
Pablo: —Lo que cambió notablemente fue que se veía mucho control en las calles. Todo el tiempo estaba la fuerza militar ahí, ya sea o por el lado de los patrulleros o por el de la policía dando vuelta por todos lados. Había sectores que eran zonas militares que no se podía parar ni estacionar. Había mucho control, pero seguíamos en un clima violento y enrarecido. Ese proceso fue bastante largo.
Delfina: —¿Cómo influyó, para usted, el conflicto de las Islas Malvinas en el país?
Pablo: —El conflicto de las Malvinas, en mi opinión, es el principio del fin de la dictadura. Días antes de la invasión argentina a las Islas Sándwich, el primer lugar donde se instalaron, hubo una protesta sindicalista muy fuerte que fue reprimida y como que ya la gente se estaba adaptando a la dictadura. Estábamos en un proceso económico complicado y lo que en ese momento los militares hicieron fue un manotazo de ahogados, es decir, tratar de salir de la situación. Esto tuvo un efecto efímero, pero un efecto al fin positivo para que la gente se pusiera del lado de la dictadura militar. Es más, hay una manifestación en la Plaza de Mayo el día 2 de abril, en la que el presidente Galtieri baja a la plaza y se mezcla entre la gente. Pero eso duró el tiempo de la guerra, es decir, dos meses. Desde el 2 de abril al 16 de junio. Luego de esto, todas las realidades empezaron a aparecer, la guerra se perdió. Esta era muy complicada porque Argentina iba en contra de la OTAN, nos querían hacer creer que Estados Unidos no apoyaría a Inglaterra. Esto era imposible, ya que habían sido aliados en la Segunda Guerra Mundial y tienen muchas cosas en común, no solamente políticas sino geopolíticas y económicas. Eso terminó siendo una catástrofe que contaba con chicos muy jóvenes que fueron a la guerra y fallecieron. Por esto creo que el proceso de la guerra fue el principio del fin de la dictadura. Galtieri renuncia y asume Brignone, quien, como presidente, empieza a hablar con todos los partidos políticos y comienza a buscar la salida democrática. Como conclusión, pienso que, aunque la Guerra de Malvinas fue muy dolorosa, fue importante para poder volver a la democracia.
Paz: —Estando la dictadura presente en el país, ¿pensó en irse? ¿Por qué?
Pablo: —No, en mi familia no hubo un sentimiento de irse del país. De hecho, la Argentina, a pesar de estar en crisis, era muy distinta en la que vivimos ahora. Era una sociedad de pleno empleo, la gente trabajaba, independientemente que sabíamos que nos encontrábamos en un clima de violencia. Para las personas no se hacía tan común el tema de hablar acerca de los secuestros y las desapariciones, excepto aquellos que se encontraban en entornos militares o sí habían sido víctimas de la represión. No era un motivo por el cual hablar en el día a día. Es más, el tema del proceso militar y el mundial de fútbol fueron cosas que el país transitó. También, se sabe que hubo una tregua entre militares y subversivos para que todo transcurriera en paz.
Joaquín: —¿Le afectó a usted o a su familia el período dictatorial en el país? ¿Por qué?
Pablo: —No, la verdad que no. Fue un momento muy violento, no solamente dictatorial del país. Empezó, y entró en violencia en los setenta y siguió así hasta que terminó la dictadura. Pero fue vigencia general, cuando esta subió al país. Decidió terminar con eso de una manera vertical, muy mala y fea. Transitamos ese proceso, pero nos enteramos más de lo que pasó después, cuando volvió la democracia, que durante el mismo período militar.
Juan Pedro: —¿Cómo describirías el ambiente de miedo que caracterizó a esos años?
Pablo: —Yo no viví en un ambiente de miedo. Sí se vivió uno de altísima violencia, pero yo y particularmente mi familia, no sentimos miedo ante el proceso militar. Vivíamos en un país violento, pero yo no sentí miedo y mi familia tampoco. Lo que sí teníamos que tener mucho cuidado por situaciones emergentes que había. Yo era chico, y a mí me avisaban que no tocara paquetes, ni bolsas, ni otros objetos porque podrían ser bombas. O si transitábamos por las calles, debíamos tener cuidado si veíamos que había algún operativo policial y estar atento. Pero yo particularmente, no sentí miedo.
Delfina —¿Qué atmósfera había en la Capital Federal el día de las elecciones del año 1983?
Pablo: —Un clima no muy festivo, pero de mucha calma. La gente estaba aliviada y con algo de temor, pero disfrutando que por fin empezaba un proceso democrático y todo lo que eso significaba.
Paz: —Después de la dictadura, ¿cómo vivió el cambio hacia la democracia?
Pablo: —Cuando pasamos a la democracia, empezaron a emerger todas las historias y horrores que había hecho la dictadura y vivimos un clima diferente. También, comenzamos a tomar conciencia de lo violento que fue ese gobierno militar. Esto generó un proceso de aprender a vivir en democracia, volver a un gobierno republicano, respetar al otro, etc.
Joaquín: —¿Siente que hubo un gran cambio de la dictadura a la democracia?
Pablo: —Definitivamente hubo un gran cambio, tanto en la democracia como en la república. Son las formas en las que elegíamos como país para vivir y son las que tienen que permanecer establecidas e instaladas siempre. Nadie puede decir que el haber vivido en una dictadura haya sido bueno. Obviamente, sabemos que las instituciones estaban suspendidas. Como algún jefe militar también dijo, que las urnas estaban bien guardadas, no se podía elegir y no se podía opinar. Ese es el gran cambio. No deberíamos elegir de otra forma que no sea representativa, democrática y republicana. Me parece que aquello que deberíamos aprender es a cuidarlo y no lo estamos haciendo. Que todos los que fueron afectados por la dictadura y la vivieron violentamente deberían ser los actuales portadores de paz y que todos podamos convivir en una sociedad en la que cada uno puede pensar distinto, pero no por eso debe ser un enemigo o ser eliminado. Esto yo creo que la dictadura lo dejó bien manifiesto. No tenemos que compartir una vida antidemocrática. La democracia debe primar sobre todo y el sistema republicano es el que tenemos que respetar todo el tiempo.
Juan Pedro: —¿Qué reflexión hace de la dictadura y de estos cuarenta años de democracia?
Pablo: —Creo que la dictadura fue el final violento de un proceso violento en la Argentina. La dictadura llegó a nuestro país ante un caldo de cultivo. Los militares querían tomar el poder y tuvieron la excusa perfecta para un proceso muy negativo en la sociedad. Argentina estaba muy violenta y ellos fueron la manifestación final de dicho proceso. Este período de tiempo no fue bueno y repito, tenemos que aprender de lo sucedido para no volver a hacerlo. No hay motivos para estar peleados, enojados y agredidos todo el tiempo. Hay que empezar a pensar en ser un país unido, fortalecido en las instituciones, en la democracia, en la república y, como hermanos, ir para adelante, trabajar, estudiar y hacer una Argentina grande que es la que necesitamos.

Fogonazo

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