Reflexiones de la potencia del arte de la juventud argentina
Por Daniela Gonzalez y León Villegas

El freestyle y el rap de la juventud para transformarlo todo
Cuando nos dijeron que podíamos proponer un tema que esté relacionado con Argentina, el arte y la democracia a la vez, supimos que había algo de lo que teníamos que hablar necesariamente: el rap, el hip hop y el trap argentino; el arte musical que creemos y que vamos a informarles en este artículo que revolucionó a las últimas generaciones, incluso sobrepasando las fronteras hacía el resto del continente.
Para empezar a hablar del rap en Argentina, tenemos que empezar por el principio, transportarse a lo más profundo del underground hace 14 años en la localidad de Brown, específicamente en la plaza de Claypole, donde un joven con sus amigos inspirados con la masividad de la famosísima Red Bull, empezaron a rapear y a competir a través del freestyle. A este evento se le conocería como el Halabalusa y a este joven como Dtoke.
Ahí nacen múltiples raperos con nombres famosos en la actualidad, como MKS, Wolf, Klan, Kodigo, Wos, entre otros. Pero, ¿en la capital qué oportunidades había? Acá es donde llegamos al punto clave del hip-hop argentino —y de toda América del Sur—: allá por el 2012, debido a la falta de competencias organizadas en CABA, un chico de tan solo 13 años, Alejo Nahuel Acosta, crea un evento propio en su mismísimo barrio, lugar-espacio que se convertiría en el campo de batalla más importante de la historia del hip hop y del trap argentino, el Quinto Escalón.
Esta competencia creada por Ysy A y Muphasa se dio en el barrio porteño de Caballito, en un rincón con escaleras del Parque Rivadavia. Con el paso de los años, este espacio no solo recibió a los artistas del Halabalusa que se trasladaron en masa al “Quinto”, sino que además, se convirtió en el semillero de algunos de los traperos más reconocidos a nivel continental, como Acru, Trueno, Sony, Ecko, LIT Killah, Ysy A, Duki, entre otros artistas fundamentales y decisivos en la escena. Eventualmente, el “Quinto” se convirtió en un evento urbano que cada vez atraía más y más público de todos los rincones del país solo para ser parte de este y dejar que se convierta en un espacio de intercambio de ideas, culturas, realidades y pasiones. A pesar de que por diferencias entre los fundadores del evento tuvieron como consecuencia su disolución en 2017, fue la cuna del talento argentino y el primer gran paso que inspiró a crear muchos más eventos similares en distintas zonas. Quienes escribimos esta nota, consideramos que el “Quinto Escalón” es un evento festival de la cultura urbana y tiene una trascendencia-valor indiscutible para el arte argentino.
Trueno, Tiny Desk
Hoy por hoy, es innegable la influencia e importancia que tuvo este evento en la expresión de los jóvenes y hasta dónde llegaron quienes participaron en sus inicios, abriendo el camino para otros eventos donde, en la actualidad, cientos de jóvenes quieren expresarse a través del arte musical urbano como el rap y el hip hop.
Desde esto han pasado ya muchos años, pero el movimiento no paró de crecer y cada vez son más las competencias que reúnen a miles de jóvenes todas las semanas a lo largo del país. Es por esto que decidimos asistir a uno de estos eventos para vivir la experiencia en carne propia y documentar el momento entrevistando a exponentes de la escena. Diversos artistas se sumaron con predisposición a contarnos qué opinan sobre estos inicios de la escena tal como la conocemos ahora.
“Es raro porque la hora del reconocimiento del freestyle pasó alrededor del 2015-2018 que fue la época en la que pasó lo del 5to escalón, después Wos, Trueno… Se empezaron a hacer muy reconocidos. Lo que pasó es que en el momento en el que ellos empezaron a irse del freestyle para dedicarse más a la música, el freestyle no es que perdió visibilidad, sino que ellos se llevaron gran parte de las visitas para otro ámbito, ¿no?” Opina Joaquín Vázquez, conocido por su nombre artístico “Kold”. “Se pasaron muchas cosas del freestyle para la música. Y creo que, en gran parte, la gran mayoría proyecta también a eso, porque la mayoría de los freestylers que no son solo competidores, hacen música y creo que se quieren pasar también a eso”.
Lo que nos cuenta sobre la diferencia de impactos que tenía el Quinto al freestyle de este momento también es argumentado por la host Camila Valente: “El impacto de ahora es mucho más grande por las redes sociales que ayudan a que se expanda y antes no existía nada de eso, pero antes también causó un impacto… O sea, son dos tipos de impactos diferentes. Porque el de ahora es más masivo, pero el de antes tenía más autoridad, más potencia hacia todos los movimientos que estábamos comentando. De repente… era el medio por donde la gente decía lo que de verdad quería decir. Como que no te censuraban absolutamente nada”. Y agrega: “ahora es más fácil hacer que el freestyle sea viral o que lo conozcan muchas personas que no son del área”.
Por otro lado, la freestyler “Roma”, hizo otro análisis de la actualidad, dejándonos ver la otra cara de la moneda en la que se muestra a las competencias como una profesión, y no como la puerta de entrada para convertirse en un artista reconocido del género urbano. Citamos textualmente: “Siento que hay una pasión, hay un hambre. Está bien que antes había un hambre un poco más desinteresada y acá hay un hambre distinta que es como para ganarse su lugar en ligas que te pueden pagar. Pero eso también está bueno, porque significa que puede ser un laburo para nosotros que antes era impensado”. Kold también profundiza la idea del freestyle como profesión o proyecto de vida: “Empecé a viajar de mochilero a un montón de lugares y me fui dando cuenta de que no es joda que se puede vivir de esto. Y que realmente, a los pibes que nos apasiona, creo que es lo que buscamos la mayoría”. Para él, se trata de poder vivir del arte en esta posmodernidad tan crítica y difícil a la vez para nosotros los jóvenes. Llevar la bandera del rap hacia el futuro, parece que es posible en Argentina.
Por último, también queremos destacar la cuestión de la pasión, que es el motor que moviliza el freestyle y la causa-incentivo día a día de nuestros y nuestras raperos. “Yo rapeo porque me genera mucha felicidad desde que soy chico. La verdad que, para mí, rapear es algo que me pone muy feliz siempre y me genera un montón de adrenalina y un montón de cosas que otras cosas no me generan”, nos contaba el rapero Parker. Lo que notamos en común entre los sentimientos de los artistas, es el factor de la creatividad y las ganas de expresarse. “Lo que son las batallas de freestyle llevan a un montón de cosas, creo que se puede ver por ese lado. Cómo gente que viene para liberarse un rato y las batallas llevan a que venga esa gente y hable de lo que tenga que hablar, así puede ser de lo que pasa actualmente” añade.
Similar a lo que explica de otra forma Kold: “Yo creo que la mayoría de las personas que rapeamos somos gente muy catártica, que necesitamos hacer catarsis y expresarnos de alguna manera. Yo, por ejemplo, dibujé toda mi vida, pinto con acuarelas y todo el tema. Y yo esperé toda mi vida dedicarme a eso y después me di cuenta que hay otros medios… Por ejemplo, el freestyle lo que tiene es el hecho de que me siento libre de decir, y eso me deja expresar un montón de cosas que por ahí uno se guarda, ¿entendés? Entonces ya sea para hacer catarsis cuando estoy solo en mi casa, para divertirme, para rapear con los pibes, con mis amigos y así, está muy bueno porque me genera euforia competir. Es algo muy normal ver en las batallas el factor en contra de ciertos actos, ya sea el gobierno, política, la economía, un montón de cosas que por ahí lamentablemente hay países en los que no se puede hacer porque la policía te caga a palos”.
También, Camila Valente acota: “cada quien intenta contar su experiencia, hay gente que no, que lo hace más surrealista. Pero principalmente los raperos, los que son de verdad raperos cantan sus vivencias, cuentan sus realidades de cómo van viviendo. Y eso es muy pro, porque, pues, te permite ver otros puntos de vista que de repente no tienes o que dices ´uhm, a él le pasa esto, a mi no´ y hace que te llegue ese mensaje que no veías antes. Entonces sí… es como una herramienta muy primordial a la hora de expresarte”.
El hip-hop, el rapear, no es solo catarsis entonces. Es la libertad de opinar e intentar ser escuchado como joven, más allá de la condición socio-económica. Es poder “gritar”, “rebelarse”, pero de una forma que llega a otros, que cala hondo y se mete en los poros de quienes están en la plaza o en otros lados, porque viene de abajo, de lo más sincero, de la pasión y de los sentimientos juveniles.
Por estos últimos motivos fue que cuando nos hablaron de la democracia en Argentina y el arte, sentimos que es absolutamente necesario hablar del rap y la cultura del freestyle. No es un tema elegido al azar o por simple preferencia —aunque nos apasiona profundamente y lo admiramos—, lo elegimos porque, si tenemos que hablar de libertad de expresión en la juventud argentina, tenemos que hablar del arte. No hay nada más. Y si tenemos que hablar del arte de esta juventud, tenemos y debemos hablar de su música: el rap y el hip hop.
Quizá mucha gente mayor no se sienta atraída hacía estos géneros o sienta que no los representa, pero Camila Valente lo dijo bien cuando reflexionó sobre la falta de conocimiento que tienen muchas personas sobre este movimiento hasta que les llega el mensaje que realmente quieren dar y piensan “bueno, este rapero sí me gusta porque habló tal cosa”, ejemplifica. Y ahí se van identificando, porque ella piensa, al igual que nosotros, que al que no le gusta el freestyle, es porque todavía no escuchó a un rapero que le impacte, aunque “es imposible que no te guste”. Todos hablan de realidades y experiencias diferentes, pero, al fin y al cabo, todas son humanas.
Demostrando que la juventud está haciendo mucho uso de sus derechos en la democracia que otros jóvenes en tiempos pasados tuvieron que luchar para obtener, a través de la censura y el acallamiento de sus voces y opiniones. El hip hop representa profundamente esto, el arte musical urbano como medio de resignificación, recreación y de libertad de expresión.
“Y después, decir que me gusta, si puedo dar mi opinión de su proyecto, que me encanta como lo asociaron al rap como un método de libertad de expresión que va con este tema porque yo, personalmente, lo vivo así. Y siento que es muy importante y que poco se visibiliza la libertad que tenemos nosotros acá. O que nos armamos, porque nos armamos más que tenemos, para poder entre nosotros sacar cosas que nos pasan y hablar de ellas sin que nadie nos censure. Que lo único que se censure… bueno, yo lo dije en una batalla una vez: que lo único a los que somos intolerantes es a la intolerancia. Es lo único a lo que somos intolerantes en esta mierda. O a lo que yo considero que debemos ser intolerantes” (Roma).